blog de José Urbano Priego

Un espacio para escribir en el viento

La intención es lo que cuenta

Hace una temporada que no publico nada en esta querida página, lo que no significa que esté inactivo. Llevo unos meses trabajando en una composición extensa, por el deseo de apartarme un poco del poema fugaz y abordar una tarea más robusta. Es una vieja inquietud que ahora está despegando el vuelo. Como dije será larga, de unos 1000 versos. Y esta vez he decidido cumplir con los cánones de la métrica. Serán tercetos encadenados los que transporten las palabras, con sus sinalefas, sus rimas y acentos en sus sílabas contadas  (3.ª, 6.ª y 10.ª, verso endecasílabo melódico que le llaman). Un curro, vaya. Un currazo. ¡Pero menudo placer juntar sílabas! Es mi modesto tributo a los maestros Dante, Garcilaso, Quevedo, Miguel Hernández y hasta Joaquín Sabina, que usaron este mismo metro para desahogarse.

A modo de adelanto, dejo aquí los versos de arranque, aunque aún podrían sufrir alguna variación. Cuando el viaje se acabe serán definitivos. Paz y salud.

Un abrazo.

 

Canto I

La intención es lo que cuenta

 

Que comience mi viaje piel adentro

y desvele los nortes que soñaba,

trajinando, cautivo del teatro.

 

El rugir de la vida me extenuaba.

Afanado en llevar ramas al nido,

aparece un dolor que no esperaba.

 

Mas el mal se presenta bendecido,

y amarrándome al tálamo de muerte

regalábame el tiempo pretendido.

 

Generoso, Allah, porque convierte

desazón en poesía, y en melaza

la amargura. ¡Oh Señor omnipresente!

 

Agradézcote prórroga y hogaza,

y permite estos versos malheridos

en tu gloria. Por Ti esta mi alabanza.

 

Deseando mesura irán asidos

de cadenas antiguas, aunque libres,

mis tercetos, ¡valientes trotamundos!

 

Y midiendo con metro de prohombres

plasmaré, saludando a Garcilaso,

mi Isabel, y también mis pesadumbres.

 

Apartado del ruido en mi Parnaso

–estupendos Manar y sus vergeles–,

miraré sin ambages al ocaso.

 

No pretendo la gloria y sus laureles,

ni palmadas, ni halagos de artificio,

sino paz sosegada y sin desfiles;

 

instruir mi cerebro con oficio;

arrobarme en la vega paduleña,

y poblar de estas letras mi edificio.

 

Pintaré la ventisca con alheña,

hablaré unos lenguajes olvidados

y oleré los gemidos  de la leña.

 

Serviré el desayuno a los alados,

plantearé mis consultas a las nubes

observando el vaivén de los arados…

 

 

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Juan Salvador Gaviota

No perseguía distinción.

Sí, quizás, la excelencia,

también llamada perfección.

 

No padezcas, hermano,

no fue tu elección.

Si naciste con tamaña mácula

has de aprender a sufrir,

a zafarte de los mil brazos

que amarrarán tu delirio.

Nada valdrá tu humildad,

te juzgarán engreído.

Poco importará tu bondad,

y te llamarán cobarde.

Nada contará tu esfuerzo,

te creerán baldío.

 

¡Ay, Bandada de la Comida!,

paladín de las inercias,

no todo es materia en esta vida.

Denigras a tus mejores

y en silencio los envidias.

Los apartas con desdén

para perpetuar tu rutina:

comer,

tramar,

yacer,

tragar,

competir…

 

¡Oh, Juan Salvador Gaviota!

príncipe de los desheredados:

tu anhelo me inspira,

tu exilio me duele.

Viniste a mejorar la especie

a expensas de tu sosiego,

y ahora te ves solo

cual leproso maldito,

por tus padres denostado.

Algún día, sabe Dios,

entenderán tu impronta,

levantisca gaviota

que osó reinventarse.

Sabrán que volabas

a los Lejanos Acantilados

a ejercitar tu talento

con esmerada disciplina,

a domar tu ego

relamiendo hambres,

a estudiar mareas y vientos

a riesgo de perder la vida.

 

¡Felicidades, valiente!

Has sobrevivido

a las tempestades,

a la soledad y la pena,

sin adocenarte.

Y ahora regresas rutilante,

más humilde todavía,

para perdonar agravios

y morir en paz:

el culmen del desvarío.

 

José Urbano Priego © 2011

7 octubre 2011

 

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Haiku 110912

Tu verso frío

no es frescor de rocío,

es el acero.

 

José Urbano Priego © 2011 Haiku Tu verso frío

12 septiembre 2011

 

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El chopo derrotado

Al célebre olmo seco

que cantara el buen Machado

comparo yo este chopo,

por mano amiga derrotado.

Aquél por rayo de muerte herido,

éste por hacha humana castrado,

pues llegando el otoño,

el vuelo de sus hojas rubias

a alguien importunaba.

Sólo un tajo, certero,

en su yugular inerme

al sueño eterno le arrastraba.

Testigo impávido,

erguida osamenta sin savia,

ignoro si puedes sentir

paseos, risas y llantos,

y rumores de viento y agua.

 

Agraciado fuiste, compañero,

pues no te abatieron

para obrar de tus tripas ataúdes.

Inerte, sí,

mas aún sostienes con bravura

—de tu verde velamen despojado—

tu viejo mástil

y sus vergas encrespadas,

pa que a velarte vengan

gorriones y zorzales.

Bailan, pajareros, sobre ti,

con delicado mimo, no fuera

que al brincar dañaran

tu extravagante calavera.

 

Yo, un forastero,

con honores te invisto

de la laguna vigía.

Tú aguanta derechito,

que yo te daré pa beber

mi cante por bulerías.

 

José Urbano Priego © 2011

24 agosto 2011

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Pobrecita Siria

Generosa tierra de acogida,

paraíso ancestral.

¡Pobrecita Siria!,

prima hermana de Andalucía.

 

Rehén de modos caducos

amenazando tu aliento,

no mereces tal masacre

por exigir dignidad.

 

Gobernantes depravados

pisotean tu garganta con desprecio,

y vierten la noble sangre de tus hijos

que anhelan normalidad.

 

Al irrumpir el León de Damasco,

como retoño de Saladino,

a complacer a unos y otros vino,

mas a su pueblo, mano dura y poco pan.

 

Milicias, matones y delatores

corrompen, Siria, tu día a día.

Incrustaron, a fuego, el pavor

para quebrantar tu valentía.

 

Todo quedó en familia

a través del vástago ilustrado

— también León, claro—.

¿Dónde fue a yacer su Primavera?

 

Mamaste ciencia en Londres

para infligir penuria a los tuyos.

Siendo oculista, ¿no ves

que ésa no es la vía?

 

Morirán miles de muchachos,

viejos, mujeres y niñas,

mas, ineludible, vendrá un día

que cese la tiranía.

 

Sé que volando estos versos

en riesgo pongo mi vida,

mas para qué sirve

sin la dignidad pretendida.

 

Todos asistiremos al gran tribunal,

en Las Hayas de aquí, unos,

y en la tumba, la mayoría.

Azorado imploro perdón,

justo Al-Hakam, cuando arribe ese día.

 

José Urbano Priego © 2011

15 agosto 2011

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Qué importa cuánto dure

Para ungirme príncipe

no me exigió riquezas,

ni, con alarde, provenir

de legendarias dinastías.

Tampoco fastuosos palacios

rebosantes de lindezas,

ni adulones floreos,

ni aura de mesías.

 

Qué importa cuánto dure

el fragor de un jazmín.

Por un día con ella, encantado,

entregaría mi porvenir.

Un minuto, un día, un año…

¿Tú conoces los designios de Al-Muqit?

Amada muchacha de ámbar,

de gloriosa estirpe florecida,

con el mayor respeto digo:

si te anima la materia

no naciste para mí,

hijo del desapego,

pues ya, hace mucho tiempo,

me despojé de los tesoros

para dejar el redil.

 

Mas envejecer a tu vera,

de tu tierna mano asido,

es el venturoso viaje

que pido al cielo, compañera.

 

José Urbano Priego © 2011

12 agosto 2011

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Soneto del abolengo

Si en verso describo mis aflicciones

parece ser que alguien se incomoda.

No temas, compañera, pues mi oda

no recoge lances, sino ficciones.

 

Mas nunca mencionaré revolcones

pues soy caballero antes que rapsoda.

Ciertas conquistas son, aunque nos joda,

cualquier cosa, excepto galardones.

 

Me otorgó papel de amante invisible,

no fuera que su abolengo ofendiera

por carecer yo de hacienda tangible.

 

Pobrecito es verdad, mas no de cera.

He ahí mi biografía —¿impresentable? —.

Bonhomía sí es joya verdadera.

 

José Urbano Priego © 2011

8 agosto 2011

 

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Mundos épicos

Distanciado del espectáculo,

oculto del dolor,

a la vera de mi laguna

se consumen los minutos

como humo danzante

que pugna, huidizo,

con pena pero sin gloria,

contra el letal olvido.

Ayer fueron anchos mares,

hoy entrañable laguna;

ayer fue vorágine,

hoy, remanso;

ayer fue la lucha

a brazo partido

blandiendo números,

encantos

o fulgurantes estrellas vidriadas,

hoy, Mawlana, todo son ausencias;

ayer fue el vigor

y hoy la fragilidad,

la espada de Damocles acechante;

ayer fueron millones de abrazos

de mis pequeños delfines,

tiernos como la infancia,

feliz racimo de futuros

cultivados en el cariño,

hoy es el frío,

que conserva o extingue,

es la pena honda carcomiendo

los cimientos de la estima.

Hoy son mundos épicos

—¿figurados?—

los que alimentan mis venas.

Un solo verso,

adherido a mi costado,

desfila todo un día

por mundos amables

que ya no son

sino recuerdo o quimera.

Y mañana será la tierra,

tibia, perfumada de alhucemas,

la generosa anfitriona:

el último abrazo,

de esta vida.

José Urbano Priego © 2011

31 julio 2011

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Haiku 110721

Encandilado,

creía leer brisas.

Murió solito.

José Urbano Priego © 2011 Haiku Encandilado
21 julio 2011

Paloma muerta por su cortesía

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Haiku 110720

Aún espero

el guiño de una estrella:

mi bálsamo.

José Urbano Priego © 2011 Haiku Aún espero

20 julio 2011

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