Hace una temporada que no publico nada en esta querida página, lo que no significa que esté inactivo. Llevo unos meses trabajando en una composición extensa, por el deseo de apartarme un poco del poema fugaz y abordar una tarea más robusta. Es una vieja inquietud que ahora está despegando el vuelo. Como dije será larga, de unos 1000 versos. Y esta vez he decidido cumplir con los cánones de la métrica. Serán tercetos encadenados los que transporten las palabras, con sus sinalefas, sus rimas y acentos en sus sílabas contadas (3.ª, 6.ª y 10.ª, verso endecasílabo melódico que le llaman). Un curro, vaya. Un currazo. ¡Pero menudo placer juntar sílabas! Es mi modesto tributo a los maestros Dante, Garcilaso, Quevedo, Miguel Hernández y hasta Joaquín Sabina, que usaron este mismo metro para desahogarse.
A modo de adelanto, dejo aquí los versos de arranque, aunque aún podrían sufrir alguna variación. Cuando el viaje se acabe serán definitivos. Paz y salud.
Un abrazo.
Canto I
La intención es lo que cuenta
Que comience mi viaje piel adentro
y desvele los nortes que soñaba,
trajinando, cautivo del teatro.
El rugir de la vida me extenuaba.
Afanado en llevar ramas al nido,
aparece un dolor que no esperaba.
Mas el mal se presenta bendecido,
y amarrándome al tálamo de muerte
regalábame el tiempo pretendido.
Generoso, Allah, porque convierte
desazón en poesía, y en melaza
la amargura. ¡Oh Señor omnipresente!
Agradézcote prórroga y hogaza,
y permite estos versos malheridos
en tu gloria. Por Ti esta mi alabanza.
Deseando mesura irán asidos
de cadenas antiguas, aunque libres,
mis tercetos, ¡valientes trotamundos!
Y midiendo con metro de prohombres
plasmaré, saludando a Garcilaso,
mi Isabel, y también mis pesadumbres.
Apartado del ruido en mi Parnaso
–estupendos Manar y sus vergeles–,
miraré sin ambages al ocaso.
No pretendo la gloria y sus laureles,
ni palmadas, ni halagos de artificio,
sino paz sosegada y sin desfiles;
instruir mi cerebro con oficio;
arrobarme en la vega paduleña,
y poblar de estas letras mi edificio.
Pintaré la ventisca con alheña,
hablaré unos lenguajes olvidados
y oleré los gemidos de la leña.
Serviré el desayuno a los alados,
plantearé mis consultas a las nubes
observando el vaivén de los arados…
No perseguía distinción.
Sí, quizás, la excelencia,
también llamada perfección.
No padezcas, hermano,
no fue tu elección.
Si naciste con tamaña mácula
has de aprender a sufrir,
a zafarte de los mil brazos
que amarrarán tu delirio.
Nada valdrá tu humildad,
te juzgarán engreído.
Poco importará tu bondad,
y te llamarán cobarde.
Nada contará tu esfuerzo,
te creerán baldío.
¡Ay, Bandada de la Comida!,
paladín de las inercias,
no todo es materia en esta vida.
Denigras a tus mejores
y en silencio los envidias.
Los apartas con desdén
para perpetuar tu rutina:
comer,
tramar,
yacer,
tragar,
competir…
¡Oh, Juan Salvador Gaviota!
príncipe de los desheredados:
tu anhelo me inspira,
tu exilio me duele.
Viniste a mejorar la especie
a expensas de tu sosiego,
y ahora te ves solo
cual leproso maldito,
por tus padres denostado.
Algún día, sabe Dios,
entenderán tu impronta,
levantisca gaviota
que osó reinventarse.
Sabrán que volabas
a los Lejanos Acantilados
a ejercitar tu talento
con esmerada disciplina,
a domar tu ego
relamiendo hambres,
a estudiar mareas y vientos
a riesgo de perder la vida.
¡Felicidades, valiente!
Has sobrevivido
a las tempestades,
a la soledad y la pena,
sin adocenarte.
Y ahora regresas rutilante,
más humilde todavía,
para perdonar agravios
y morir en paz:
el culmen del desvarío.
José Urbano Priego © 2011
7 octubre 2011
Tu verso frío
no es frescor de rocío,
es el acero.
José Urbano Priego © 2011 Haiku Tu verso frío
12 septiembre 2011
Al célebre olmo seco
que cantara el buen Machado
comparo yo este chopo,
por mano amiga derrotado.
Aquél por rayo de muerte herido,
éste por hacha humana castrado,
pues llegando el otoño,
el vuelo de sus hojas rubias
a alguien importunaba.
Sólo un tajo, certero,
en su yugular inerme
al sueño eterno le arrastraba.
Testigo impávido,
erguida osamenta sin savia,
ignoro si puedes sentir
paseos, risas y llantos,
y rumores de viento y agua.
Agraciado fuiste, compañero,
pues no te abatieron
para obrar de tus tripas ataúdes.
Inerte, sí,
mas aún sostienes con bravura
—de tu verde velamen despojado—
tu viejo mástil
y sus vergas encrespadas,
pa que a velarte vengan
gorriones y zorzales.
Bailan, pajareros, sobre ti,
con delicado mimo, no fuera
que al brincar dañaran
tu extravagante calavera.
Yo, un forastero,
con honores te invisto
de la laguna vigía.
Tú aguanta derechito,
que yo te daré pa beber
mi cante por bulerías.
José Urbano Priego © 2011
24 agosto 2011
Generosa tierra de acogida,
paraíso ancestral.
¡Pobrecita Siria!,
prima hermana de Andalucía.
Rehén de modos caducos
amenazando tu aliento,
no mereces tal masacre
por exigir dignidad.
Gobernantes depravados
pisotean tu garganta con desprecio,
y vierten la noble sangre de tus hijos
que anhelan normalidad.
Al irrumpir el León de Damasco,
como retoño de Saladino,
a complacer a unos y otros vino,
mas a su pueblo, mano dura y poco pan.
Milicias, matones y delatores
corrompen, Siria, tu día a día.
Incrustaron, a fuego, el pavor
para quebrantar tu valentía.
Todo quedó en familia
a través del vástago ilustrado
— también León, claro—.
¿Dónde fue a yacer su Primavera?
Mamaste ciencia en Londres
para infligir penuria a los tuyos.
Siendo oculista, ¿no ves
que ésa no es la vía?
Morirán miles de muchachos,
viejos, mujeres y niñas,
mas, ineludible, vendrá un día
que cese la tiranía.
Sé que volando estos versos
en riesgo pongo mi vida,
mas para qué sirve
sin la dignidad pretendida.
Todos asistiremos al gran tribunal,
en Las Hayas de aquí, unos,
y en la tumba, la mayoría.
Azorado imploro perdón,
justo Al-Hakam, cuando arribe ese día.
José Urbano Priego © 2011
15 agosto 2011
Para ungirme príncipe
no me exigió riquezas,
ni, con alarde, provenir
de legendarias dinastías.
Tampoco fastuosos palacios
rebosantes de lindezas,
ni adulones floreos,
ni aura de mesías.
Qué importa cuánto dure
el fragor de un jazmín.
Por un día con ella, encantado,
entregaría mi porvenir.
Un minuto, un día, un año…
¿Tú conoces los designios de Al-Muqit?
Amada muchacha de ámbar,
de gloriosa estirpe florecida,
con el mayor respeto digo:
si te anima la materia
no naciste para mí,
hijo del desapego,
pues ya, hace mucho tiempo,
me despojé de los tesoros
para dejar el redil.
Mas envejecer a tu vera,
de tu tierna mano asido,
es el venturoso viaje
que pido al cielo, compañera.
José Urbano Priego © 2011
12 agosto 2011
Si en verso describo mis aflicciones
parece ser que alguien se incomoda.
No temas, compañera, pues mi oda
no recoge lances, sino ficciones.
Mas nunca mencionaré revolcones
pues soy caballero antes que rapsoda.
Ciertas conquistas son, aunque nos joda,
cualquier cosa, excepto galardones.
Me otorgó papel de amante invisible,
no fuera que su abolengo ofendiera
por carecer yo de hacienda tangible.
Pobrecito es verdad, mas no de cera.
He ahí mi biografía —¿impresentable? —.
Bonhomía sí es joya verdadera.
José Urbano Priego © 2011
8 agosto 2011
Distanciado del espectáculo,
oculto del dolor,
a la vera de mi laguna
se consumen los minutos
como humo danzante
que pugna, huidizo,
con pena pero sin gloria,
contra el letal olvido.
Ayer fueron anchos mares,
hoy entrañable laguna;
ayer fue vorágine,
hoy, remanso;
ayer fue la lucha
a brazo partido
blandiendo números,
encantos
o fulgurantes estrellas vidriadas,
hoy, Mawlana, todo son ausencias;
ayer fue el vigor
y hoy la fragilidad,
la espada de Damocles acechante;
ayer fueron millones de abrazos
de mis pequeños delfines,
tiernos como la infancia,
feliz racimo de futuros
cultivados en el cariño,
hoy es el frío,
que conserva o extingue,
es la pena honda carcomiendo
los cimientos de la estima.
Hoy son mundos épicos
—¿figurados?—
los que alimentan mis venas.
Un solo verso,
adherido a mi costado,
desfila todo un día
por mundos amables
que ya no son
sino recuerdo o quimera.
Y mañana será la tierra,
tibia, perfumada de alhucemas,
la generosa anfitriona:
el último abrazo,
de esta vida.
José Urbano Priego © 2011
31 julio 2011
Encandilado,
creía leer brisas.
Murió solito.
José Urbano Priego © 2011 Haiku Encandilado
21 julio 2011

Aún espero
el guiño de una estrella:
mi bálsamo.
José Urbano Priego © 2011 Haiku Aún espero
20 julio 2011